martes, 13 de febrero de 2007


El rojo es el color del peligro. De lo prohibido. Del fuego que destruye, pero también del que purifica. De la sangre que da la vida, y también de la que la quita. De la pasión, que crea universos, pero también arrasa a su paso con una simple mirada.

El rojo es el color de la vida.

jueves, 8 de febrero de 2007

Poner tierra de por medio no soluciona los problemas…

Sólo los cambia de escenario.





martes, 23 de enero de 2007

Embalé los recuerdos del tiempo pasado a tu lado, bien protegidos con plástico de burbujas, para evitar que se rompiesen camino del olvido…

Puse mi sello en la caja, las mismas manos que te acariciaron la piel e hicieron estremecer tu alma, para que supieras quién era el remitente.

Facturé mi felicidad muerta por vía urgente, y a portes debidos…


lunes, 1 de enero de 2007

Nunca me han gustado los atardeceres. Los admiro estéticamente, eso sí, pero no sacan de mí ese lado romántico y poético que suelen hacer aflorar en la mayoría de la gente, todo lo contrario. Me ponen triste, logran arrastrarme a un marasmo de pesimismo y desencanto que maldita la gracia que me hacen. Quizás porque la puesta del sol simboliza el final del día, la muerte de miles de posibilidades no cumplidas, el fracaso de lo no realizado. El atardecer, la llegada lenta, pero inexorable de la oscuridad, del final del día, siempre consigue que una nube negra se apodere de mi ánimo.
Sin embargo, adoro los amaneceres. La luz lo inunda todo y logra imponerse a la noche, haciéndola a un lado, como si nunca hubiese estado ahí. Y todo empieza de nuevo.
Y todo, absolutamente todo, una vez más, puede ser posible.

miércoles, 6 de diciembre de 2006


Con una sola palabra, le rompió el corazón,

Sin piedad, sin miramientos.

Le bastaron dos letras.

Otras tantas hubieran podido salvarle la vida.

El abismo que separa un sí de un no…

domingo, 3 de diciembre de 2006


Dejé de desear cuando descubrí que lo más esquivo era justamente aquello con lo que soñaba con más ansia. Me cansé de correr detrás de los sueños, porque era agotador ver cómo cuanto más corría, lo que deseaba se alejaba cada vez más de mí. Pasé de ser una soñadora a convertirme en una realista. De saltar entre las nubes a atornillar firmemente mis pies al suelo.

Tardé un tiempo, pero me di cuenta de que desear lo que no tienes, o soñar con lo que jamás tendrás son sinónimos de sufrir.

Y ahora ya no sueño, ni deseo.

Pero sufro.

Porque aún te espero.

martes, 28 de noviembre de 2006


Lo mejor de viajar no es llegar al lugar de destino.

Tampoco lo es esa emoción ilusionada que acompaña a los preparativos del viaje.

Ni siquiera el camino...

Lo mejor de irse es poder volver.