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sábado, 10 de mayo de 2008


Los lugares se impregnan de nuestra presencia, igual que lo hacen los objetos.

Por eso a algunos les cuesta tanto irse, mudarse de casa, cambiar de entorno. A otros, por el contrario, su lado nómada se lo facilita, pero ni ésos están inmunes a los efectos del regreso. Cuando vuelven se sienten raros, incluso un poco incómodos: reconocen a duras penas el lugar que en su día fue su casa, y tampoco se reconocen a ellos mismos. Tienen que enfrentarse a esa parte de ellos que en su día dejaron atrás, y que al regresar les echa en cara lo mucho que han cambiado.

Por eso a veces nos resulta tan difícil deshacernos de algunas cosas que ya no sirven. Porque también nos dicen a gritos que ahí estamos nosotros. Tirarlas es una especie de pequeño suicidio.

Porque en su caída en desgracia, nos arrastran también a nosotros.

Llevándose una parte nuestra, quizás no la mejor, pero nuestra, a fin de cuentas.

Y eso, siempre duele.

martes, 13 de febrero de 2007


El rojo es el color del peligro. De lo prohibido. Del fuego que destruye, pero también del que purifica. De la sangre que da la vida, y también de la que la quita. De la pasión, que crea universos, pero también arrasa a su paso con una simple mirada.

El rojo es el color de la vida.

martes, 23 de enero de 2007

Embalé los recuerdos del tiempo pasado a tu lado, bien protegidos con plástico de burbujas, para evitar que se rompiesen camino del olvido…

Puse mi sello en la caja, las mismas manos que te acariciaron la piel e hicieron estremecer tu alma, para que supieras quién era el remitente.

Facturé mi felicidad muerta por vía urgente, y a portes debidos…


miércoles, 6 de diciembre de 2006


Con una sola palabra, le rompió el corazón,

Sin piedad, sin miramientos.

Le bastaron dos letras.

Otras tantas hubieran podido salvarle la vida.

El abismo que separa un sí de un no…

domingo, 3 de diciembre de 2006


Dejé de desear cuando descubrí que lo más esquivo era justamente aquello con lo que soñaba con más ansia. Me cansé de correr detrás de los sueños, porque era agotador ver cómo cuanto más corría, lo que deseaba se alejaba cada vez más de mí. Pasé de ser una soñadora a convertirme en una realista. De saltar entre las nubes a atornillar firmemente mis pies al suelo.

Tardé un tiempo, pero me di cuenta de que desear lo que no tienes, o soñar con lo que jamás tendrás son sinónimos de sufrir.

Y ahora ya no sueño, ni deseo.

Pero sufro.

Porque aún te espero.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Arena de tu playa
llevo en mi alma,
la imborrable caricia
de tu mirada.

De tus ojos ardientes
que me desnudan,
penetrando en abismos
donde no hay dudas.

Simas vertiginosas,
un precipicio
donde despeñarías
miedos y juicio.

El juicio que te sobra
cuando me miras,
y te pierdes sin miedo
en mis pupilas.