martes, 23 de diciembre de 2008

sábado, 15 de noviembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008

miércoles, 29 de octubre de 2008

martes, 30 de septiembre de 2008

viernes, 1 de agosto de 2008

Veo una casa. Una mansión, en realidad. Antigua, pero bien conservada, sólida. No es de este siglo, ni siquiera del pasado. Muchas habitaciones. Buenos muebles. De los que pasan de padres a hijos. Camas de ésas en las que se nacía y se moría. Gente entrando y saliendo. Una familia grande. Arriba, pero también abajo. Sí, hay servidumbre. Sedas y tafetanes, pero también delantales de algodón y cofias. Niños que corren por el jardín. Un estanque. Alguien que llora junto a los rosales, en lo más escondido del laberinto de setos. Es joven y guapa. Pero no es feliz. Nadie dijo que tenerlo todo diera la felicidad, y ella se acaba de dar cuenta.

Lo siento, pero no veo nada más.


jueves, 31 de julio de 2008

Miró entre los árboles, como cada vez, para comprobar, con una angustia que reconoció estúpida, si la casa seguía allí. Un terror irracional e inexplicable le invadía cada vez que volvía al pueblo y no podía evitar el temor a que la próxima vez que mirase desde el camino de los almendros, no hubiese nada. Pero la casa, lógicamente, no se movía, seguía en el mismo sitio donde había estado desde que su tatarabuelo la mandó construir con el dinero que trajo de América.

Hasta aquel día...