Veo una casa. Una mansión, en realidad. Antigua, pero bien conservada, sólida. No es de este siglo, ni siquiera del pasado. Muchas habitaciones. Buenos muebles. De los que pasan de padres a hijos. Camas de ésas en las que se nacía y se moría. Gente entrando y saliendo. Una familia grande. Arriba, pero también abajo. Sí, hay servidumbre. Sedas y tafetanes, pero también delantales de algodón y cofias. Niños que corren por el jardín. Un estanque. Alguien que llora junto a los rosales, en lo más escondido del laberinto de setos. Es joven y guapa. Pero no es feliz. Nadie dijo que tenerlo todo diera la felicidad, y ella se acaba de dar cuenta.
Lo siento, pero no veo nada más.


2 comentarios:
Me alegra que In Between despierte en verano,y aunque vaya a ráfagas: bienvenidas.
Un abrazo a los dos
-Y que vuestros proyectos se consoliden, como Lazos, Teresa, espero leerte pronto-
Muchas gracias, Inma.
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