Hay cosas que nunca desaparecen. Por mucho tiempo que pase sobre ellas. Por más que las moje la lluvia, y el sol las seque, aunque se vuelvan descoloridas, el óxido las corroa y apenas las reconozcamos al volver a tropezar con ellas en otro punto del camino, cuando pensábamos que ya eran historia. No pensar en ciertas cosas no significa hacer que desaparezcan. Aunque digan que la distancia es el olvido, y que el tiempo lo cura todo. Hay cosas que sólo cambian de aspecto, pero están ahí. Más fuertes que el olvido. Más duras que el tiempo. Más vivas que nosotros mismos…